Anales de la Universidad de Chile, Sexta Serie, Nº 9, Agosto de 1999

 

[EINSTEIN Y LA RELIGIÓN (*)]

El origen de la ciencia y la religiosidad cósmica:

Para Einstein la ciencia se constituye a partir de un sentimiento, o emoción, de carácter religioso, que conduciría, de algún modo, a una forma especial de religiosidad. Esta concepción es presentada por él en una variedad de formas, entre las cuales nos parece suficientemente representativa la siguiente:

"Usted difícilmente encontrará entre las mentes científicas más profundas una que no tenga su propio sentimiento religioso. Pero es diferente de la religión del hombre ingenuo. Para este último Dios es un ser de cuyos cuidados espera beneficiarse y cuyos castigos teme; la sublimación de un sentimiento similar a aquél del hijo por su padre, un ser frente al cual uno se encuentra, por así decirlo, en una relación personal, no importa cuán profundamente pueda ésta estar teñida de temor.

Pero el científico está poseído por un sentido de causación universal. El futuro, para él, es en cada punto tan necesario y determinado como el pasado. Su sentimiento religioso adopta la forma de un embelesado asombro ante la armonía de la ley natural, la que revela una inteligencia de tal superioridad que, comparada con ella, todo el sistemático pensamiento y acción de los seres humanos es un reflejo totalmente insignificante. Este sentimiento es el principio guía de su vida y obra, en cuanto consigue liberarse de los grillos del deseo egoísta. Es, más allá de toda duda, muy semejante a aquél que ha poseído a los genios religiosos de todos los tiempos." (26)

 

La tesis de Einstein de que la ciencia surge a partir de un sentimiento de carácter religioso, no puede ser aceptada tan fácilmente, y presenta serios problemas. El primero es que no nos explica por qué aquel sentimiento de temor reverencial hacia el orden y la magnitud del Universo, se traduciría, en un caso, en una religiosidad antropomórfica, con una liturgia y una teología, y en otro, en la religiosidad cósmica de ciertos filósofos y científicos. Por otro lado, se pregunta uno, ¿no sería más simple y más adecuado denominar metafísico, a aquel sentimiento a partir del cual se originaría la ciencia, en vez de asignarle las cualidades de un sentimiento propiamente religioso?

Veremos, más adelante, cómo dentro de la propia concepción einsteniana de la religión se contienen los elementos de solución a esta dudas y problemas. Pero esto sólo se hará manifiesto en el contexto de un examen más detallado de su concepción de una religión o religiosidad cósmica.

Einstein nos ha dado diferentes expresiones de su idea de una religión cósmica, tanto en sus artículos de corte semipopular, como en respuesta a preguntas que sobre sus creencias le formularon espistolarmente diferentes individuos. Por ejemplo la contestación siguiente de Einstein, a una consulta hecha en marzo de 1954 por un correpondiente ateo, quien, luego de leer un artículo acerca de las creencias religiosas del físico, le manifestó sus dudas sobre la veracidad de las afirmaciones allí contenidas:

"Era, por supuesto, una mentira (lie) lo que Ud. leyó acerca de mis convicciones religiosas, una mentira que ha sido sistemáticamente repetida. Yo no creo en un Dios personal y no he negado nunca esto sino que lo he expresado claramente. Si hay en mi algo que puede ser religioso, por tanto, es la admiración sin límites por la estructura del universo, hasta donde la ciencia puede revelarlo". (27)

 

O esta otra respuesta a una carta, enviada a Einstein in Berlín el 5 de agosto de 1927, por un banquero de Colorado:

"No puedo concebir un Dios personal que influiría directamente en las acciones de los individuos, o que juzgaría directamente a las criaturas de su propia creación. No puedo hacer esto a pesar del hecho de que la causalidad mecanística ha sido, hasta cierto punto, puesta en duda por la ciencia moderna.

Mi religiosidad consiste en una modesta admiración por el espíritu infinitamente superior que se revela en lo poco que nosotros, con débil y transitorio entendimiento, podemos comprender de la realidad." (28)

 

Es decir, el sentido específico que el término 'religión' tiene para Einstein es el de un sentimiento de admiración hacia la estructura del universo acompañado de la creencia de que ella sería la expresión de una entidad de naturaleza espiritual que la habría creado y, presumiblemente, la mantendría contínuamente en existencia. Esta religiosidad no reconocería ni exigiiría la creencia en ningún Dios de tipo personal que le haría demandas morales a los seres humanos. Puesto que Einstein postulla que la ciencia se oroginaría en aquel sentimiento, es impoortante para él dar cuenta de la diferencia que existiría entre el "sentimiento religioso" del Científico y el ssssssentimiento religioso" del científico y el sentimiento religioso característico del simple creyente o el místico:

"El sentimiento religioso engendrado al experimentar la comprensibilidad lógica de profundas interrelaciones es de una clase algo diferente de aquel sentimiento que uno usualmente llama religioso. Es más un sentimiento de temor reverencial y de admiración ante el esquema que se manifiesta en el universo material. No nos conduce a dar el paso de construir un ser como divino en nuestra propia imagen -un personaje que nos hace demandas y que toma interés en nosotros como individuos. No hay en éste (universo) ni voluntad ni propósito, no un deber, sino un puro ser. Por esta razón gente de nuestro tipo ve en la moralidad un asunto puramente humano, aunque el más importante en la esfera humana. (29)

 

Pero Einstein no nos suministra una verdadera explicación psicológica de las diferencias que habría entre el sentimiento religioso propiamente tal y el característico del hombre de ciencia, sino que simplemente se limita a darnos una somera descripción de ellas. Tampoco se nos da ninguna razón de por qué el sentimiento religioso cósmico no conduciría a una concepción antropomórfica de Dios. Pero lo más significativo en este pasaje es que pone de manifiesto que Einstein no distingue entre lo que en realidad son dos clases diferentes de sentimientos. Por un lado el asombro y la admiración ante la organización y racionalidad del Universo, por el otro el temor reverencial hacia ellas. Es manifiesto que en el propio Einstein estos sentimientos se encontraban profundamente integrados, tanto como lo es el hecho de que en otros hombres de ciencia, filósofos y personas comunes, tales sentimientos de asombro y admiración no llegan a traducirse en un temor reverencial hacia la organización, o hacia el "organizador" del universo. El primer tipo de sentimiento bien pudiera ser denominado "metafísico"; mientras que sólo el segundo tiene un carácter propiamente religioso.

Maurice Solovine, un amigo de su juventud, debe haber llamado la atención de Einstein sobre lo inadecuado que es emplear la palabra 'religión' para referirse a aquel primer tipo de sentimiento, recibiendo la siguiente respuesta del físico en una carta de 1951:

"Bien puedo entender tu aversión a usar el término 'religión' cuando lo que se quiere significar es una actitud psicológica y emocional que se muestra más claramente en Spinoza. Pero no he encontrado una mejor expresión que la de 'religioso' para la confianza en la naturaleza racional de la realidad, en cuanto ella es accesible a la razón humana."(30)

 

Como hemos visto, por detrás de la cuestión terminológica se en- contraba aquella indistinción entre lo que hemos denominado la actitud "metafísica" y la actitud "religiosa", que se hace aquí aún más patente, porque es manifiesto que la confianza del científico en la naturaleza racional de la realidad puede expresarse, y se expresa en realidad a menudo, como un sentimiento completamente secular.

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26. Albert Einstein, Ideas and Opinions. pág. 40. Destacado nuestro.

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27. Albert Einstein, The Human Side.(Princeton, Princeton University Press, 1979), pág. 38. Destacado nuestro.

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28. Albert Einstein, Op. Cit., pág. 58. Destacados nuestros.

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29. Albert Einstein, Op. Cit., pp. 60-61. Destacados nuestros.

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30. Albert Einstein. Letters to Solovine.(New York, Citadel Press, 1993), pág. 119. Destacado nuestro. Citado por Ronald W. Clark. Einstein. The Life and Times, pp. 413-414.

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