[EINSTEIN
Y LA RELIGIÓN (*)]
Religión
y ciencia en el pensamiento de Einstein:
Nos parece
que puede lograrse una adecuada comprensión del rol que las concepciones
religiosas juegan en el pensamiento metacientífico de Einstein, si se
las compara con la función que la religión y la metafísica desempeñaron
en el pensamiento del otro gigante de la ciencia, cuyas ideas aquél
vendría a superar. Nos referímos, como es obvio, a Isaac Newton.
Una
de las frases que indica de modo más expresivo la idea einsteniana de
la naturaleza es aquella que dice, en alemán: Raffiniert ist der
Hergott, aber boshaft is er nicht", y que puede traducirse
como: "Astuto es el señor Dios, pero no malicio- so". Philipp
Frank ha dicho, a propósito de estas y otras expresiones semejantes
del físico: "Era notable con qué facilidad Einstein usaba la palabra
"Dios" como una expresión figurativa, incluso en su física.
Se recordará que él había expresado repetidamente su rechazo de la concepción
estadística de la física con la afirmación: "No puedo creer que
Dios juegue a los dados con el mundo". Es cierto que la palabra
"Dios" es usada aquí sólo como una manera de hablar y no en
el sentido teológico. Otros físicos, sin embargo, no emplean esta manera
de hablar con la misma facilidad". (39)
Yendo
más allá de estas simples observaciones, lo importante aquí es poder
entender por qué Einstein utilizó tales "expresiones figurativas",
de evidente origen y connotación teológicas, para referirse a las regularidades
de la naturaleza. La explicación de ello no puede encontrarse en otra
parte que en las propias creencias religiosas de aquél. Es decir, Einstein
se habría sentido impulsado a emplear esta "façon de parler"
al referirse a la naturaleza, porque con ella conseguía dar expresión
a sus más profundas creencias metafísicas y religiosas, las que se encontraban
estrechamente vinculadas con sus concepciones científicas y metacientíficas.
Aquellas
expresiones hacen patente una esencial semejanza entre Einstein y Newton,
en lo referente a la creencia en la simplicidad de las leyes de la naturaleza,
y su idea de un Dios "occamiano" y "no engañador".
Como lo expresara el gran físico, astrónomo y matemático inglés en uno
de sus escritos no publicados: "Es [evidencia de] la perfección
de las obras de Dios que todas ellas son hechas con la mayor simplicidad.
El es el Dios del orden y no de la confusión".(40)
Como es manifiesto, el sentido de esta frase es muy cercano al del aforismo
einsteiniano antes citado, que expresa que Dios sería sutil, pero no
malicioso.
Pero
por debajo de esta semejanza básica se ocultaba, sin embargo, una radical
diferencia, porque la posición de Newton es manifiestamente teísta,
es decir, él creía en un Dios personal, que ha hecho una especial revelación
a los seres humanos, y que interviene cada cierto tiempo directamente
en la marcha del mundo; mientras que la posición de Einstein se encontraría
más cerca del deísmo; por cuanto rechaza la revelación y el carácter
antropomórfico de Dios. Pero, en realidad, la idea de un Dios inmanente,
es decir, que no se encuentra ni por encima ni por fuera del mundo,
corresponde a una concepción enteramente diferente, que, como lo señalara
Ramón Mendoza, "es totalmente incongruente [tanto] con la tradición
teísta judeo-cristiana, [como] con el concepto deísta de
un Dios-Creador completamente libre" (41).
Aquella diferencia fundamental entre sus respectivas ideas de la deidad,
se expresa en el hecho de que mientras para Newton la simplicidad de
la naturaleza está garantizada por la bondad de un Creador de tipo personal
que tiene in mente al hombre, para Einstein, que no cree en un
Dios personal, esta simplicidad no es concebida como el resultado de
un propósito, sino puramente como la expresión y reflejo del carácter
intelectual superior de la divinidad.
De
allí, entonces, el rol diferente que Dios juega en la física de uno
y otro científico. Como lo señalamos más arriba, Newton incluso postuló
una intervención directa de Dios, y así lo argumentó en sus "Cartas
a Bentley", como la única explicación posible del orden, regularidad
y armonía de nuestro sistema solar, que en su opinión tenía que haber
sido el efecto de una causa puramente intelectual, con conocimientos
superiores de física y geometría. La teología de Newton ha sido denominada
voluntarista, porque "enfatiza la libertad de la
voluntad de Dios para crear cualquier mundo que desee, y su libertad
para manipular y disponer las cosas según le plazca. Dios no se encuentra
limitado por ninguna clase de necesidad lógica, ni por las leyes de
la naturaleza, porque éstas son simplemente expresiones del modo como
él decide normalmente actuar". (42)
Einstein,
por su parte, tal como Spinoza, suscribía una clara posición "necesitaria"
(43) acerca de Dios, la que, como siempre,
se hace manifiesta al referirse aquél a las leyes naturales:
"La
teoría física tiene dos ardientes deseos: reunir tanto como sea posible
todos los fenómenos pertinentes y sus conexiones, y ayudarnos no sólo
a conocer cómo es la naturaleza y cómo tienen lugar
sus transacciones, sino también a tratar de alcanzar lo más posible
el fin, quizás utópico y aparentemente arrogante, de saber por qué
la naturaleza es así y no de otro modo. Aquí reside
la mayor satisfacción de un científico. Haciendo deducciones a partir
de una hipótesis fundamental, tal como la teoría cinético-molecular,
uno experimenta, por así decirlo, que el propio Dios no pudo haber
dispuesto aquellas conexiones [entre por ejemplo, presión, volumen
y temperatura] de ninguna otra manera que la que factualmente existen,
tal como no estaría en su poder hacer del número 4 un número primo.
Este es el elemento prometeico de la experiencia científica. ...Aquí
ha estado siempre para mi la ma- gia particular de las consideraciones
científicas; esto es, co- mo si fuera la base religiosa del esfuerzo
científico".(44)
De
manera que para Einstein, el científico, Dios cumple la función de un
principio heurístico, o más bien, de un gran supuesto metafísico
que hace posible la inteligibilidad de la naturaleza y por tanto
asegura la posibilidad de la ciencia. Metafísico en el sentido de que
la creencia en Dios es un presupuesto que garantiza el carácter y legalidad
de la naturaleza, pero que no puede ser establecida directamente por
medio de la investigación científica, ni a partir de ninguna experiencia
sensible. Por cierto, este no es el único supuesto metacientífico que
encontramos en el pensamiento de Einstein, pues pueden identificarse
fácilmente allí varios otros. Por ejemplo: para el físico existiría
una realidad independiente del conocimiento humano que sería intrínsecamente
armónica y sujeta a legalidad, aunque se nos aparezca inicialmente como
un gran enigma. Esta realidad sería cognoscible por medio de teorías
que comenzarían y terminarían en la experiencia, pero no se derivarían
de ella, sino que serían "libres creaciones del espíritu humano",
etc.
Ahora
bien, aunque al interior de la física relativista (a diferencia de la
física de Newton), Dios no desempeña, direc- tamente, el menor papel,
ello no significa que las creencias religioso-metafísicas de Einstein
no hayan influido sobre su ciencia. Por de pronto, determinaron en una
importante medida su posición hacia la interpretación estadística de
la mecánica cuántica, como se evidencia con tanta claridad en su famosa
carta respuesta al físico Max Born del 4 de diciembre de 1926:
"La
mecánica cuántica es ciertamente imponente. Pero una voz interior
me dice que no es aún la cosa verdadera. La teoría dice un montón,
pero no acerca al secreto del "viejo". Yo, en cualquier
caso, estoy convencido que El no juega a los dados". (45)
¿Qué
es lo que esta famosa frase quiere significar? La cuestión epistemológica
de fondo era aquí, por cierto, la validez, o no validez, del principio
de causalidad en el nivel de las micropartículas. Einstein se opuso
siempre a la idea defendida por los físicos Max Born, Werner Heisenberg
y Niels Bohr, de que las leyes fundamentales de la mecánica cuántica
tuvieran un carácter puramente estadístico. Las posiciones opuestas
se constituyeron en reacción al famoso "Principio de incertidumbre",
de Heisenberg, según el cual es imposible determinar simultáneamente
la posición y la velocidad(momento) de una partícula, y por lo tanto
no se podría predecir su estado futuro. Esta imposibilidad provendría
de la distorsión que el propio instrumento de observación introduciría
al intentar establecer la posición o la velocidad de la partícula en
cuestión, pues al tratar de determinar de modo preciso su posición el
observador hace imposible el conocimiento de su velocidad, y recíprocamente,
al tratar de determinar la velocidad de la partícula hace imposible
medir con precisión su posición.
Einstein
aceptaba este principio como un recurso matemático que nos sirve para
explicarnos la conducta aparente de las par- tículas atómicas y subatómicas,
pero que ocultaba una verdad más profunda. Es decir, para éste el principio
de incertidumbre tenía un carácter meramente epistemológico,
en cuanto reflejaba la imposibilidad actual de llegar a establecer el
verdadero comportamiento de las partículas en términos de leyes causales.
En cambio para Heisenberg, y el resto de los miembros de la así llamada
"Escuela de Copenhagen", aquel principio poseía un carácter
ontológico, esto es, correspondía al comportamiento efectivo
de las micropartículas.
Las
implicaciones del principio de incertidumbre para la totalidad de la
física eran enormes, pues de ser aceptado en los términos en que era
interpretado por Born, Heisenberg y Bohr, equivalía a poner en cuestión
la validez misma de las explicaciones causales en el mundo de la microfísica
y su reemplazo por puras leyes de probabilidad.
A
la raíz del rechazo de Einstein de la noción de un universo puramente
probabilístico, en el cual la conducta de los átomos individuales dependería
del azar, se encontraba su creencia en un Dios que no pudo haber creado
un universo en el que aquél desempeñara un papel de tanta importancia.
Es por ello que Banesh Hoffmann ha dado directamente en el clavo al
señalar que la posición del físico debe entenderse como basada sobre
el siguiente argumento "teológico", que pareciera haber sido
formulado por el propio Leibniz: "Si Dios fue capaz de crear un
universo en el cual es posible descubrir leyes científicas causales,
igualmente pudo él haber creado uno completamente gobernado por tales
leyes. Es decir, él no pudo haber creado un universo en el que tuviera
que tomar a cada instante decisiones fortuítas con respecto a la conducta
de cada átomo o partícula individual" (46).
En otros términos, "Dios no jugaría a los dados" porque ello
equivaldría a renunciar a su propio poder creativo y de control sobre
la naturaleza. Por cierto que este tipo de razonamientos no poseían
la menor fuerza para aquellos que no suscribieran dicha posición metafísica.
Como
es manifiesto, el influjo que su concepción de Dios ha ejercido sobre
su interpretación del carácter de las leyes de la mecánica cuántica
ha sido considerable. Pero lo que es aún más significativo, al predeterminar
su visión general de la naturaleza, aquella concepción religioso-metafísica,
vino a cons- constituirse en unos de sus más fundamentales "presupuestos
temáticos" (Holton), es decir, en creencias no verificables que,
consciente o inconscientemente, guiaron el pensamiento de Einstein,
influyendo así profundamente, por lo tanto, sobre sus más importantes
concepciones científicas y epistemológicas.
Introducción
| El
retorno de lo reprimido | El origen de la religión
según Einstein | Las relaciones entre ciencia
y religión | El origen de la ciencia y la religiosidad
cósmica | Una respuesta alternativa del origen
de la ciencia | Religión y ciencia en el pensamiento de Einstein
| Consideraciones
finales
39. Philipp
Frank, Op. Cit, pág. 285.
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40. Isaac
Newton, Yehuda Manuscripts. Citado por Frank Manuel en: The religion
of Isaac Newton.(Oxford at the Clarendon Press, 1974), pág. 49.
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41. Ramón
G. Mendoza, The Acentric Labyrinth. Giordano Bruno's Prelude to Contemporary
Cosmology. (Shaftesbury, Element, 1995), pág. 142.
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42. John
Hedley Brooke, Science and Religion. Some Historical Perspectives.(Cambridge
University Press, 1991), pág. 134.
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43. El
término 'necesitarismo', aunque no corrientemente emplea- do
en el vocabulario filosófico de nuestra lengua en este espe-
cífico sentido, ha sido ya incorporado al español. Véase,
por ejemplo, Bogumil Jasinowski. Renacimiento italiano y pensamiento
moderno. (Edics. de la Universidad de Chile, 1968), pág. 63.
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44. Albert
Einstein: "Über den gegenwärtingen Stand der Feld- theorie".
Festschrift, Zurich und Leipzig, Orell Füssli Verlag, 1929, Citado
por Holton, Op. Cit., pág. 242.
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45. Born-Einstein
Letters.(New York, Walker and Co. 1971), pág. 91. Puede verse
también: Max y Hedwig Born, Ciencia y conciencia en la Era Atómica.(Madrid,
Alianza Editorial, 1971), pág. 131.
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46. Banesh
Hoffmann, Op. Cit., pág. 193.
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