Anales de la Universidad de Chile, Sexta Serie, Nº 9, Agosto de 1999

 

[EINSTEIN Y LA RELIGIÓN (*)]

Religión y ciencia en el pensamiento de Einstein:

Nos parece que puede lograrse una adecuada comprensión del rol que las concepciones religiosas juegan en el pensamiento metacientífico de Einstein, si se las compara con la función que la religión y la metafísica desempeñaron en el pensamiento del otro gigante de la ciencia, cuyas ideas aquél vendría a superar. Nos referímos, como es obvio, a Isaac Newton.

Una de las frases que indica de modo más expresivo la idea einsteniana de la naturaleza es aquella que dice, en alemán: Raffiniert ist der Hergott, aber boshaft is er nicht", y que puede traducirse como: "Astuto es el señor Dios, pero no malicio- so". Philipp Frank ha dicho, a propósito de estas y otras expresiones semejantes del físico: "Era notable con qué facilidad Einstein usaba la palabra "Dios" como una expresión figurativa, incluso en su física. Se recordará que él había expresado repetidamente su rechazo de la concepción estadística de la física con la afirmación: "No puedo creer que Dios juegue a los dados con el mundo". Es cierto que la palabra "Dios" es usada aquí sólo como una manera de hablar y no en el sentido teológico. Otros físicos, sin embargo, no emplean esta manera de hablar con la misma facilidad". (39)

Yendo más allá de estas simples observaciones, lo importante aquí es poder entender por qué Einstein utilizó tales "expresiones figurativas", de evidente origen y connotación teológicas, para referirse a las regularidades de la naturaleza. La explicación de ello no puede encontrarse en otra parte que en las propias creencias religiosas de aquél. Es decir, Einstein se habría sentido impulsado a emplear esta "façon de parler" al referirse a la naturaleza, porque con ella conseguía dar expresión a sus más profundas creencias metafísicas y religiosas, las que se encontraban estrechamente vinculadas con sus concepciones científicas y metacientíficas.

Aquellas expresiones hacen patente una esencial semejanza entre Einstein y Newton, en lo referente a la creencia en la simplicidad de las leyes de la naturaleza, y su idea de un Dios "occamiano" y "no engañador". Como lo expresara el gran físico, astrónomo y matemático inglés en uno de sus escritos no publicados: "Es [evidencia de] la perfección de las obras de Dios que todas ellas son hechas con la mayor simplicidad. El es el Dios del orden y no de la confusión".(40) Como es manifiesto, el sentido de esta frase es muy cercano al del aforismo einsteiniano antes citado, que expresa que Dios sería sutil, pero no malicioso.

Pero por debajo de esta semejanza básica se ocultaba, sin embargo, una radical diferencia, porque la posición de Newton es manifiestamente teísta, es decir, él creía en un Dios personal, que ha hecho una especial revelación a los seres humanos, y que interviene cada cierto tiempo directamente en la marcha del mundo; mientras que la posición de Einstein se encontraría más cerca del deísmo; por cuanto rechaza la revelación y el carácter antropomórfico de Dios. Pero, en realidad, la idea de un Dios inmanente, es decir, que no se encuentra ni por encima ni por fuera del mundo, corresponde a una concepción enteramente diferente, que, como lo señalara Ramón Mendoza, "es totalmente incongruente [tanto] con la tradición teísta judeo-cristiana, [como] con el concepto deísta de un Dios-Creador completamente libre" (41). Aquella diferencia fundamental entre sus respectivas ideas de la deidad, se expresa en el hecho de que mientras para Newton la simplicidad de la naturaleza está garantizada por la bondad de un Creador de tipo personal que tiene in mente al hombre, para Einstein, que no cree en un Dios personal, esta simplicidad no es concebida como el resultado de un propósito, sino puramente como la expresión y reflejo del carácter intelectual superior de la divinidad.

De allí, entonces, el rol diferente que Dios juega en la física de uno y otro científico. Como lo señalamos más arriba, Newton incluso postuló una intervención directa de Dios, y así lo argumentó en sus "Cartas a Bentley", como la única explicación posible del orden, regularidad y armonía de nuestro sistema solar, que en su opinión tenía que haber sido el efecto de una causa puramente intelectual, con conocimientos superiores de física y geometría. La teología de Newton ha sido denominada voluntarista, porque "enfatiza la libertad de la voluntad de Dios para crear cualquier mundo que desee, y su libertad para manipular y disponer las cosas según le plazca. Dios no se encuentra limitado por ninguna clase de necesidad lógica, ni por las leyes de la naturaleza, porque éstas son simplemente expresiones del modo como él decide normalmente actuar". (42)

Einstein, por su parte, tal como Spinoza, suscribía una clara posición "necesitaria" (43) acerca de Dios, la que, como siempre, se hace manifiesta al referirse aquél a las leyes naturales:

"La teoría física tiene dos ardientes deseos: reunir tanto como sea posible todos los fenómenos pertinentes y sus conexiones, y ayudarnos no sólo a conocer cómo es la naturaleza y cómo tienen lugar sus transacciones, sino también a tratar de alcanzar lo más posible el fin, quizás utópico y aparentemente arrogante, de saber por qué la naturaleza es así y no de otro modo. Aquí reside la mayor satisfacción de un científico. Haciendo deducciones a partir de una hipótesis fundamental, tal como la teoría cinético-molecular, uno experimenta, por así decirlo, que el propio Dios no pudo haber dispuesto aquellas conexiones [entre por ejemplo, presión, volumen y temperatura] de ninguna otra manera que la que factualmente existen, tal como no estaría en su poder hacer del número 4 un número primo. Este es el elemento prometeico de la experiencia científica. ...Aquí ha estado siempre para mi la ma- gia particular de las consideraciones científicas; esto es, co- mo si fuera la base religiosa del esfuerzo científico".(44)

 

De manera que para Einstein, el científico, Dios cumple la función de un principio heurístico, o más bien, de un gran supuesto metafísico que hace posible la inteligibilidad de la naturaleza y por tanto asegura la posibilidad de la ciencia. Metafísico en el sentido de que la creencia en Dios es un presupuesto que garantiza el carácter y legalidad de la naturaleza, pero que no puede ser establecida directamente por medio de la investigación científica, ni a partir de ninguna experiencia sensible. Por cierto, este no es el único supuesto metacientífico que encontramos en el pensamiento de Einstein, pues pueden identificarse fácilmente allí varios otros. Por ejemplo: para el físico existiría una realidad independiente del conocimiento humano que sería intrínsecamente armónica y sujeta a legalidad, aunque se nos aparezca inicialmente como un gran enigma. Esta realidad sería cognoscible por medio de teorías que comenzarían y terminarían en la experiencia, pero no se derivarían de ella, sino que serían "libres creaciones del espíritu humano", etc.

Ahora bien, aunque al interior de la física relativista (a diferencia de la física de Newton), Dios no desempeña, direc- tamente, el menor papel, ello no significa que las creencias religioso-metafísicas de Einstein no hayan influido sobre su ciencia. Por de pronto, determinaron en una importante medida su posición hacia la interpretación estadística de la mecánica cuántica, como se evidencia con tanta claridad en su famosa carta respuesta al físico Max Born del 4 de diciembre de 1926:

"La mecánica cuántica es ciertamente imponente. Pero una voz interior me dice que no es aún la cosa verdadera. La teoría dice un montón, pero no acerca al secreto del "viejo". Yo, en cualquier caso, estoy convencido que El no juega a los dados". (45)

 

¿Qué es lo que esta famosa frase quiere significar? La cuestión epistemológica de fondo era aquí, por cierto, la validez, o no validez, del principio de causalidad en el nivel de las micropartículas. Einstein se opuso siempre a la idea defendida por los físicos Max Born, Werner Heisenberg y Niels Bohr, de que las leyes fundamentales de la mecánica cuántica tuvieran un carácter puramente estadístico. Las posiciones opuestas se constituyeron en reacción al famoso "Principio de incertidumbre", de Heisenberg, según el cual es imposible determinar simultáneamente la posición y la velocidad(momento) de una partícula, y por lo tanto no se podría predecir su estado futuro. Esta imposibilidad provendría de la distorsión que el propio instrumento de observación introduciría al intentar establecer la posición o la velocidad de la partícula en cuestión, pues al tratar de determinar de modo preciso su posición el observador hace imposible el conocimiento de su velocidad, y recíprocamente, al tratar de determinar la velocidad de la partícula hace imposible medir con precisión su posición.

Einstein aceptaba este principio como un recurso matemático que nos sirve para explicarnos la conducta aparente de las par- tículas atómicas y subatómicas, pero que ocultaba una verdad más profunda. Es decir, para éste el principio de incertidumbre tenía un carácter meramente epistemológico, en cuanto reflejaba la imposibilidad actual de llegar a establecer el verdadero comportamiento de las partículas en términos de leyes causales. En cambio para Heisenberg, y el resto de los miembros de la así llamada "Escuela de Copenhagen", aquel principio poseía un carácter ontológico, esto es, correspondía al comportamiento efectivo de las micropartículas.

Las implicaciones del principio de incertidumbre para la totalidad de la física eran enormes, pues de ser aceptado en los términos en que era interpretado por Born, Heisenberg y Bohr, equivalía a poner en cuestión la validez misma de las explicaciones causales en el mundo de la microfísica y su reemplazo por puras leyes de probabilidad.

A la raíz del rechazo de Einstein de la noción de un universo puramente probabilístico, en el cual la conducta de los átomos individuales dependería del azar, se encontraba su creencia en un Dios que no pudo haber creado un universo en el que aquél desempeñara un papel de tanta importancia. Es por ello que Banesh Hoffmann ha dado directamente en el clavo al señalar que la posición del físico debe entenderse como basada sobre el siguiente argumento "teológico", que pareciera haber sido formulado por el propio Leibniz: "Si Dios fue capaz de crear un universo en el cual es posible descubrir leyes científicas causales, igualmente pudo él haber creado uno completamente gobernado por tales leyes. Es decir, él no pudo haber creado un universo en el que tuviera que tomar a cada instante decisiones fortuítas con respecto a la conducta de cada átomo o partícula individual" (46). En otros términos, "Dios no jugaría a los dados" porque ello equivaldría a renunciar a su propio poder creativo y de control sobre la naturaleza. Por cierto que este tipo de razonamientos no poseían la menor fuerza para aquellos que no suscribieran dicha posición metafísica.

Como es manifiesto, el influjo que su concepción de Dios ha ejercido sobre su interpretación del carácter de las leyes de la mecánica cuántica ha sido considerable. Pero lo que es aún más significativo, al predeterminar su visión general de la naturaleza, aquella concepción religioso-metafísica, vino a cons- constituirse en unos de sus más fundamentales "presupuestos temáticos" (Holton), es decir, en creencias no verificables que, consciente o inconscientemente, guiaron el pensamiento de Einstein, influyendo así profundamente, por lo tanto, sobre sus más importantes concepciones científicas y epistemológicas.

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39. Philipp Frank, Op. Cit, pág. 285.

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40. Isaac Newton, Yehuda Manuscripts. Citado por Frank Manuel en: The religion of Isaac Newton.(Oxford at the Clarendon Press, 1974), pág. 49.

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41. Ramón G. Mendoza, The Acentric Labyrinth. Giordano Bruno's Prelude to Contemporary Cosmology. (Shaftesbury, Element, 1995), pág. 142.

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42. John Hedley Brooke, Science and Religion. Some Historical Perspectives.(Cambridge University Press, 1991), pág. 134.

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43. El término 'necesitarismo', aunque no corrientemente emplea- do en el vocabulario filosófico de nuestra lengua en este espe- cífico sentido, ha sido ya incorporado al español. Véase, por ejemplo, Bogumil Jasinowski. Renacimiento italiano y pensamiento moderno. (Edics. de la Universidad de Chile, 1968), pág. 63.

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44. Albert Einstein: "Über den gegenwärtingen Stand der Feld- theorie". Festschrift, Zurich und Leipzig, Orell Füssli Verlag, 1929, Citado por Holton, Op. Cit., pág. 242.

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45. Born-Einstein Letters.(New York, Walker and Co. 1971), pág. 91. Puede verse también: Max y Hedwig Born, Ciencia y conciencia en la Era Atómica.(Madrid, Alianza Editorial, 1971), pág. 131.

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46. Banesh Hoffmann, Op. Cit., pág. 193.

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